Tema derechos y deberes fundamentales

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TEMA  6.  LOS  PRINCIPIOS  RECTORES  DE  LA  POLÈTICA  SOCIAL  Y ECONÓM ICA


Nuestra  Constitución recoge  en  el  capítulo  III  del Título  I un conjunto  de  derechos sociales que  están  directamente vinculados con  la definición de la forma  de Estado,  como Estado  social  (art.
1.1  CE).  La  función de  estos  derechos  y  principios  es  la  de  asegurar determinadas  condiciones  materiales  de  vida  para  todos,  tratando  de  dar  cumplimiento  al mandato  constitucional  que  el  artículo  9.2  CE  dirige  a  los  poderes  públicos  a  fin  de promover  las  condiciones  necesarias  para  que  la  libertad  y  la  igualdad  del  individuo  y  de los  grupos  en  que  se  integra  sean  reales  y  efectivas,  así  como  de  alcanzar  el  —orden económico y social justo“ al que se refiere el propio Preámbulo de la Constitución. En  su  constitucionalización  han  influido  las  Declaraciones  Internacionales  de Derechos  más  significativas,  como  la  Declaración  Universal  de  Derechos  del  Hombre (1948), que  garantiza el derecho al descanso,  al  tiempo  libre, a  un nivel de vida adecuado, a  la  salud,  al  bienestar,  etc.,  así  como  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Económicos, Sociales y Culturales (1966) que ampara el derecho a la seguridad social,  la  protección  de las  madres,  la  tutela  de  los  niños  y  adolescentes,  etc.  E  igualmente  la  Carta  Social Europea.  Desde la perspectiva comparada las  influencias más directas son las procedentes de los modelos italiano, alemán y portugués.

Los principales caracteres de estos derechos y principios son los siguientes

Tienen  una  naturaleza  marcadamente  socioeconómica,  de  ahí  su  denominación como —principios de política social y económica“. –  Exigen  de  los  poderes  públicos  una  actividad  de  prestación,  una  actuación positiva  y  promocional  por  parte  del  Estado  (Estado  prestador  de  servicios). Aunque  en  la  práctica  esta  actividad  intervencionista  debe  desenvolverse  a  través de  la  estructura  territorial  establecida,  implicando  una  presencia  directa  de  las CCAA, y también más recientemente del derecho europeo en ciertos ámbitos. –  Carácter  heterogéneo:  mientras  que  unos  son  auténticos  derechos  (aunque  no gocen  de  las  garantías  de  los  derechos  fundamentales),  como  —el  derecho  a  la salud“, otros son simples principios, como —la protección de la juventud“. En relación con su contenido podríamos agrupar  los preceptos que integran el  capítulo III  en dos tipos de categorías:  (a) los que tienen  una dimensión potencialmente universal o universalizable,  afectando  a  todos  los  ciudadanos  ya  sea  de  forma  real  o  potencial;  (b)  y los  que  tienen  una  proyección  sectorial  hacia  colectivos  definidos,  implicando  así  una estrategia de discriminación positiva.

A)  DE DIMENSIÓN UNIVERSAL 1. El derecho a la protección de la salud (art. 43)

  Con  su  antecedente  más  significativo  en  el  artículo  32  de  la  Constitución  italiana,  la protección  de  la  salud  es  definida  como  un  servicio  público,  aunque  sin  implicar  la existencia de un monopolio. En  la  práctica  se  trata  de  una  política  que,  a  partir  de  la  legislación  básica  del Estado,  ha  tenido  un  especial  protagonismo  en  la  escala  autonómica  dando  lugar  a  la creación  de  los  distintos  Servicios  de  Salud  a  partir  del  primitivo  INSALUD  estatal, generando  diversos  sistemas  innovadores  de  gestión  donde  también  se  permite  la prestación sanitaria por entidades  privadas.  En  la  actualidad  sus  problemas fundamentales se refieren más bien a la coordinación entre los distintos servicios autonómicos. El  apartado  3º  de  este  artículo  conecta  la  salud  con  las  actividades  de  ocio  y deporte  siguiendo una  tendencia influida por la  Constitución portuguesa, aunque con unas políticas diferenciadas.

2.- Derecho al medio ambiente (Art. 45)

Se trata de uno de los  ámbitos más influidos por el derecho internacional  y  europeo a través d e numerosas declaraciones internacionales y directivas. Pese  a  que  la  Constitución  reconoce  una  dimensión  sancionadora  y  de  naturaleza penal,  en  la  práctica  predomina  más  bien  su  naturaleza  de  política  pública  articulada  en torno  a  la  noción  de  —desarrollo  sostenible“  a  través  de  un  derecho  intervencionista  que llega a afectar a las propias actividades productivas. Tradicionalmente  el  derecho  medioambiental  se  subdivide  en  dos  ámbitos diferentes, el de la protección ambiental  y  el control  de la contaminación (línea marrón), y el de la tutela y conservación  de los  espacios naturales y especies  protegidas (línea verde). En general  se trata de un sector innovador del ordenamiento donde se ha  llegado a  afirmar los derechos de las generaciones futuras.

3.- Derechos relacionad os con la cultura (arts. 44 y 46)

 Integran las  dos  dimensiones tradicionales de las  política culturales,  la  actividad de fomento cultural y la tutela del patrimonio.  Por  lo  que  respecta  a  la  política  de  patrimonio  tiene  una  dimensión conservacionista que  la  hace  en algunos aspectos similar a  la  conservación de  los recursos naturales:  es  decir, trata de establecer  una  tutela  pública  para  los  distintos tipos de bienes culturales  con  independencia  de  su  titularidad,  con  un  componente  de  tipo  sancionador  o represivo.  Aunque  en  la  práctica  las  relaciones  con  la  esfera  de  lo  privado  no  siempre encuentran  un  modo  adecuado  de  coordinación.  Sus  áreas  tradicionales  se  sitúan  en  el terreno d e la arqueología y la restauración de bienes artísticos. La  política  de  fomento  de  la  cultura  se  relaciona  en  parte  con  el  derecho  a  la educación  del  artículo  27,  y  normalmente  se  fragmenta  en  toda  una  serie  de  actividades (música,  teatro,  danza,  etc.):  un  sector  donde  se  producen  relaciones  más  intensas  con  la esfera privada, creadores y productores artísticos.

4.- Derecho a una vivienda digna (art. 47)

Constituye  una  de  las  más  carácterísticas  políticas  de  fomento, aunque  con  ciertas dificultades  de  orquestación  en  la  práctica  al  integrar  a  toda  la  escala  territorial  (estado, comunidades,  ayuntamientos),  lo  que  genera  dificultades  de  coordinación  y  resultados frecuentemente  insuficientes;  en  España  tales  dificultades  se  sitúan  en  torno  a  la  ley  del suelo y los problemas para limitar y controlar la  especulación urbanística.

5.- Consumidores y usuarios (art. 51)

La  defensa  de  consumidores  y  usuarios  se  considera  como  uno  de  los  sectores prioritarios en las democracias avanzadas que en  gran medida son sociedades de consumo. Su  instrumento  de  desarrollo  fundamental  son  las  asociaciones  de  consumidores  y usuarios  que  en  España  han  tenido  un  desarrollo  algo  irregular,  exigiendo  al  mismo tiempo  toda  una  amplia  legislación  de  tutela  (en  la actualidad  influida  fundamentalmente por  Bruselas).  Para  algunos  la  normativa  sobre  consumidores  y  usuarios  constituiría  una especie  de  —parte  dogmática“  del  propio  Capítulo  III  en  la  medida  en  que  todos  los ciudadanos somos de uno u otro modo consumidores de bienes o usuarios de servicios.

6.- Defensa de los trabajadores (arts. 40 y 41)

Constituye  un  ejemplo  paradigmático  de  —principio  rector“  de  la  política  social  y económica  en  la  medida  en  que  se  definen  tanto  objetivos  generales  de  progreso  y distribución  de  la  renta,  como  exigencias  relacionadas  con  las  políticas  de  empleo  así como el régimen público de la Seguridad Social.


 

B) DE DIMENSIÓN SECTORIAL 1.- Protección  de  la  familia


El  artículo 39  CE  exige a los poderes  públicos  que  otorguen una —protección  social,  económica  y jurídica  a  la  familia“,  ya  sea ésta  fruto  de  un vínculo matrimonial  o  extramatrimonial.  Asimismo,  la  protección  se  concreta,  de  modo  expreso, para  los  hijos,  iguales  éstos  con  independencia  de  su  filiación  y  de  las  madres  (art.  39.2 CE).

2.-  Protección  de  sectores  sociales  específicos:

  como  —los  niños“  -sus  derechos internacionalmente  reconocidos-  (art.  39.4  CE),  —los  jóvenes“  -su  participación  en  el desarrollo  político,  social  económico  y  cultural-  (art.  48  CE),  —los  ancianos“  -pensiones adecuadas  y  periódicamente  actualizadas  y  servicios  sociales-  (art.  50  CE)  y  —los disminuidos  físicos,  sensoriales  y  psíquicos“  -políticas  de  previsión,  tratamiento, rehabilitación e integración- (art. 49 CE). Caracteriza  a  este  ámbito  de  derechos  su  proyección  activa  en  el  sentido  de asegurar discriminaciones positivas a favor de quienes se consideran socialmente débiles. En  relación  con  el  valor  jurídico de  las  figuras recogidas  en  este  Capítulo  III,  hay que  decir que  la  Constitución dota  a  estos  derechos  y  principios  socioeconómicos  de  una fuerza  normativa  y  de  un  sistema  de  garantías  atenuados,  en  comparación  con  los  de  los restantes derechos constitucionales. A)  Al  estar  recogidos  en  la  Constitución,  disfrutan  del  carácter  de  elementos informadores del  ordenamiento jurídico  y actúan simultáneamente  como mandatos y  límites  al  legislador.  El  Tribunal  Constitucional  ha  afirmado  su  carácter normativo:  son  normas  jurídicas  que  desempeñan  principalmente  una  función hermenéÚtica,  orientando  la  interpretación  de  cualquier  disposición,  negocio  o relación jurídica  (STC 19/82). Como establece  el artículo  53.2 CE, informarán  la legislación positiva, la práctica judicial  y la actuación de los poderes públicos“. B) Ante el poder  legislativo suponen  un mandato para que desarrolle  y encauce su actividad  normativa  de acuerdo  con dichos  principios,  de  manera  que  una  ley  que desconociera  o  violentara  gravemente  los  principios  y  derechos  contenidos  en  el capítulo III del  Título I de la Constitución sería inconstitucional. Imposible sería en cambio  controlar  jurídicamente  el  incumplimiento  por  omisión  de  dicho  mandato por parte del poder legislativo. C)  Ante  el  poder  judicial  estos  principios  y  derechos,  que  no  son  invocables directamente,  sino  sólo  de  acuerdo  con  lo  que  dispongan  las  leyes  que  los desarrollen,  aunque  el  mismo  tiempo  cumplen  la  misión  de  actuar  como  criterios hermenéuticos de los jueces al aplicar el derecho positivo (STC 19/82). D) Finalmente  ante el poder ejecutivo  delimitan  la función de gobierno  y  ejercicio de  la  potestad  reglamentaria,  por  encima  del  programa  del  partido  al  que  los ciudadanos  hayan  otorgado  su  confianza,  exigiendo  el  desarrollo de  políticas públicas eficaces  en sus diferentes  ámbitos.  En  conclusión,  estos  principios  no  gozan  de  las  carácterísticas  y  garantías  de  los derechos  fundamentales  que  hemos  estudiado,  ya  que  necesitan  del  desarrollo  legislativo para  ser reales  y  efectivos,  y sólo  podrán  ser alegados ante  los Tribunales de acuerdo  con lo  que  dispongan  las  mencionadas  leyes  que  los  desarrollen.  Son,  por  tanto,  derechos  de configuración legal. Finalmente, las  garantías de  los principios del capítulo III, recogidas en  el  artículo 53.3  CE,  son  las  que  tienen  todas  las  normas  constitucionales  por  el  hecho  de  serlo,  es decir,  la  rigidez  constitucional  (reforma  de  la  Constitución  prevista  por  el  artículo  167 CE), la reserva de  ley  y el control de constitucionalidad (recurso  de inconstitucionalidad y cuestión  de  inconstitucionalidad  planteada  por  los  jueces).  No  gozan  sin  embargo  de  la misma rigidez constitucional (procedimiento  del  artículo 168  CE), ni de  la  reserva de  ley orgánica,  ni  del  procedimiento  preferente  y  sumario  de  tutela  judicial,  ni  tampoco  del recurso  de  amparo  de  los  que  disfrutan  los  derechos  fundamentales  (como  veremos  al estudiar el tema correspondiente a las garantías). Estas  garantías  han  cumplido  un  papel  muy  relevante  en  el  constitucionalismo europeo como instrumento de defensa frente  a los riesgos de desmantelamiento  del  Estado de bienestar, vinculados al desarrollo  de ciertas ideologías  neoliberales. En este sentido se ha  suscitado  el  debate  de  si,  dado  su  contenido  socioeconómico  y  su  dimensión prestacional  -que  impacta  sobre  el  presupuesto  público-  los  derechos  de  prestación  y  de bienestar  no  deberían  considerarse  en  última instancia  como  variables  dependientes  de  la coyuntura  económica,  pudiendo  oscilar  sus  niveles  de  cobertura  según  la  evolución  del ciclo  económico.  Aunque  naturalmente  el  distinto  tipo  de  mayoría  gobernante  siempre tendrá  un margen  de  autonomía,  reconocida  al  legislador,  para  asegurar  cobertura  mejor o peor  de  ciertos  derechos,  sin  embargo  la  doctrina  constitucional  se  ha  opuesto drásticamente  a  las  hipótesis de un  auténtico  —desmantelamiento“  del  estado  de  bienestar, defendiendo  la  relativa  rigidez  de  los  niveles  adquiridos  en  el  sentido  de  una  especie  de congelación“  de  los  estratos  de  desarrollo  del  estado  de  bienestar  alcanzados históricamente: en  diversas ocasiones los  tribunales  constitucionales europeos han  llevado a  la  práctica  estas  exigencias  anulando  leyes  que  pretendían  retrocesos  sustanciales  e injustificados  en  áreas  referidas  al  bienestar  social,  impidiendo  así  procesos  de  retroceso histórico como los que han tenido lugar en países de otras partes del mundo.

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